DÍAS

Hay días

que están lejos de los pájaros.

De las violetas que por la tarde

has dejado como cimientos de futura noche,

donde un poema ha de llegar

para habitarte los ríos,

el regreso del mar que a los cerros,

sin sosiego,

henchido,

nublado

y manso,

se hace a contracorriente

peldaño a peldaño,

viento a viento.

 

Hay días que un nosotros

enumera las cosas

dilatando las calles que caen

junto a ciudades y presagios.

 

Días

donde un muro significa la fisura

que ha de ver resbalar

las voces que te he dado

(sin trincheras,

dormida,

gemida,

adyacente)

 

Hay días

que cualquier noche es un paraguas

donde has traído el sol que ha engendrado

el alma de la luna…

días de la lluvia que pasa

del jazmín incesante,

del hambre,

la piedra

y la voz…

La voz que hiere mi país de realidad

y arroja la manzana a tu sombra,

tentación,

a tu espesura.

 

Hay días,

días como hoy,

como anoche,

como mantos,

como amantes,

como actos imperfectos.

 

Hay días,

hay días sobre ti,

donde antes de volver a suspirar,

amor,

te negaré tres veces.

 

Anneke.C.Satreu

Imagen: Marta Bevacqua

 

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ÁTOMOS Y AURORAS

Nos descompongo los átomos en el auspicio inmortal de un suspiro,

la tormenta implosiona en las arterias su rugir desmedido

y la fragua musical de la deshora

mata la ignea promesa en su montaña

mientras levanto gritos de viento en tu cumbre silenciosa

desgranando la aurora

hasta gotear tambores,

pulsos,

vidas de mi sangre.

 

Nos sostengo sobre la muerte ancestral de los recuerdos

planetas de astrología sin memoria orbitan su sístole derramada,

la cama tiene mi voz a orillas de tus manos

y la habitación es todo el universo que compongo

desde el caos de mi ropa entre tus dedos

y la voz de mi alma derrotada…

sobre tus párpados.

 

Nos gimo en un ocaso de barro sobre el agua clara de lo más profundo

araño los latidos de las sombras que no me dejan brumas donde rendir mis playas

pasa un eclipse mitad fuego de lluvias y presagio

y lo precipito por la calle abajo de mi noche

olvidando que Venus hace su voz entre tus bosques

llenando de azules las moléculas,

y la forma sin mar…

sobre tu ausencia.

 

Racimos de equinoccio gotean los temblores del otoño

nunca la primavera olvidará el frío nómada en que se crea

mientras nos cobijo de la idea impronunciable

informe llegas

donde no nos fuimos.

 

Latido amniótico,

parto a tu nombre de mis muchas muertes,

silencio partido en dos noches de ti

mis manos sin tu piel

el mundo sin tu amor

y sólo yo,

descalza,

anónima,

impostada…

en el grito de una desnuda aurora.

 

Anneke.C.Satreu

Imagen: Juan Medina

AZUL A TUS MANOS

Mi único lenguaje a la verdad fueron tus manos.

 

Aquellos azules colmados de destino y de destierro

donde la voz era un sueño incorrupto con raíz de mundo

y una nube atada entre los mares de algún tiempo caído

se enredaba su lluvia de horizontes en mi dedo corazón

para pintarte  la espalda de caminos.

 

Intenté verbos de tinta con plumas de ave y de palabra

viajes de insomnio en las esferas musicales del tiempo

donde latido a latido crecía el tambor de los suburbios en ruinas

como promesa a la ciudad de un reino onírico.

 

Con todas las sequías y las Venus de chamanes como musas

precipité oraciones en rituales de adverbios sin lugar

(sobre los fríos)

buscando tu nombre en un nosotros sin gerundio

el gota a gota de un temblor, por cuya ausencia tiemblan manantiales.

 

Y en la mirada injusta,

en la oración perfecta,

tu piel  me fue negada.

 

Tal vez porque tiene su propio tiempo mi lenguaje,

su fusa difusa en un pentagrama de humedad hecho jirones,

donde la realidad antes de soñar te negará tres veces

en este templo de deshoras del espacio.

 

Hay una eternidad de principio inacabado

constelado en las lineas de tus manos.

 

¡Ay, las manos! (diría esa Valkiria de barro que he encontrado en un horizonte de mar llena de ocasos)

¡Ay, los verbos! (Lo inconcluso, aquel vacío…La nostalgia, la guitarra, mi caricia sin piano)

¡Ay, nosotros! (Los frágiles descalzos, los poetas, las hijas de las olas y los hijos del trueno)

¡Ay, mi amor!…y este torpe poema a tus manos…

este azul…

(derramado)

 

Anneke.C.Satreu

Imagen: Shae de Tar

(¡Ay las manos, de tu voz azul, inspiración) Para @LaraenRem

EN NOMBRE DE TU AUSENCIA

Llueve y te mato una y otra vez en nombre de tu ausencia.

Ésta, es mi poesía de truenos infames que sin excusa…

remienda, cose, hilvana, enhebra cualquier instante que en mí tenga el pretexto de un tú.

 

Las gotas me hieren en los cristales sin ventanas de los rotos,

quejumbrosa mi tierra es hostil por no intentar siquiera serme un poco

y los abandonos de mi sangre hostigan la muchedumbre de mi cabeza

que azota mi cuerpo empujando tu nombre de fugitivas horas.

 

Llueve y me mato una y otra vez en nombre de tu ausencia.

Esta es mi sed irreversible y castradora que inhabitada…

se quiebra, se desconoce, se enaltece sin floración ni honra hasta el ansia que acomete.

 

Los charcos me espejan entre desconocidos gorriones líquidos,

inerte me esfuerzo en rendirme ebria de dioses en memoria del trueno

y mi alcoba es un lecho de pulso y reverencia al filo de un imperio

que sin memoria se contradice mientras se desconoce, y se perpetúa fúnebre…

como ofrenda de muertes a la lluvia.

 

Llueve…y me mato, y te mato,

una y otra vez…

(en nombre de tu ausencia)

 

Anneke.C.Satreu

Imagen: Algis Griskevicius

INCANDESCENCIA

Te persigo en nombre de ninguna yo y de todas las otras,

con los verdes y las amapolas que de mi orilla hacen su cuneta de abandono,

con el trigo expuesto que a un viento del mar finge algún beso,

como si las nubes nos llovieran los ojos con el pulso de un arcoíris por contar

que se contrae, como una estrella errante que ha perdido la tierra de su cielo.

 

Busco la ofrenda tibia de una ciudad creciente

los llameantes impulsos que recogen mi paso en las manos del junco

(dócil entrega al imperio susurrado de mis propios pozos)

donde permanezco mía, invencible, breve momento hacia la noche derramada

en que ostento la nada y su reloj de viento prisionera de tu verbo agazapado.

 

Hago tinieblas en el ombligo abrupto de tu alimento de luz

constelo tormentas en astros viscerales de bravura ignea

me es más fácil perder y callar la victoria derrotada del secreto

donde acecha el aire por el que escapo a tus alas y a mis muertes

y doro el trigo de mis sueños con hogazas que abrasan la mordaza

hasta el grito, hasta mí, hasta el semblante en que me voy por ti

con la calle incandescente de mis lluvias.

 

Anneke.C.Satreu

Imagen: Silvia Grav

PRIMAVERAS AZULES

Cerraré los ojos para que tus manos pasen sin los nombres del día,

para que las noches te hagan sauce de los vientos en los que pronuncias, “misterio”

y los mares internos transparenten sus grietas con alivio,

porque la primavera llegó, y trae la voz de tu escondido cosmos.

 

Decantaré mi pelo junto a la lluvia pausada,

gotearé una espalda que a tus dedos suplica el astro imaginado

desbordados los ojos del testimonio estelar de un destierro en el pulso del héroe

donde arremolinada la mente, el prodigio de una tierra virgen nos aguarda.

 

No estarás en los templos que a Venus alzan sus azules desde mis labios trémulos

más todos los lirios harán versos en tu espacio,

campo de tiempo jugando a la vigilia, alzando un sol de media noche,

donde ninguna voz será nosotros, ni yo, ni nada que se parezca

a este azote de fuego donde la rosa sangra, pétalos azules.

 

Anneke.C.Satreu

Imagen: Lídia Vives

TIEMPO DE PERDER (ESPACIO)

Puedo encontrar el silencio gritado que puso nombre a los volcanes

la música efímera de un tú, un yo, un hasta ellos en todos mis nosotros.

Un flor a flor que de temblor en temblor se precipita despacio por la memoria inexistente

donde no hay verbo que no practique el gerundio de gemirte

hasta la sangre exultada de la primera estrella.

Puedo perder todos los finales a los pies de un principio

tropezar una y otra vez con la ausencia finita y el estado líquido del movimiento,

danzar en el aliento que asiste la fantasía de una fuga sobre el corazón de un piano

que al compás de unos dedos se abandona a su deseo de silencio,

llorando en cada nota el prodigio que se hace sal de un gota a gota,

y un sin compás,

y un sin claves,

y un sin soles,

una nada que germina al ser tu lágrima.

Puedo encontrar la vida plena de su primera ausencia

sentir que palpita un corazón de nadie con las voces de una progresión de vacíos,

geometrías sagradas del aire que gira e inspira,

que expira a veces con el único fin de habitar la existencia entre las muertes

y llegar a ti, con la noche constelada en las caderas

con la palabra del amor intacta,

con el beso del espacio que llena lunas con el hechizo del tiempo.

Puedo perder la fe y hacer mi oración entre semillas como primera incertidumbre de mis flores,

tensar las cuerdas del destino para que alguna de mis efímeras bailarinas gire

y la red de lo imposible traiga cajitas de pájaros entre todas estas múltiples tierras,

donde cielos arrancados de los astros hacen de su caída silenciosa un reino real para dioses dormidos

y sueña el mundo que es un héroe donde el vértigo sólo es pronunciado como edén.

Puedo encontrar el perder de todos los estados de mis manos,

su doble vida, su doble juego, tu doble ausencia aullada,

puedo perderte y ganarme, perder y ganar , perder y ganar…

Puedo porque quizás yo soy estar vacío

y está en mi sangre tu ser…¡Tan lleno de nosotros!

Anneke.C.Satreu

Imagen: Himitsuhana

PIEL DE MONTAÑA

alexandr-doodko

 

Te digo, ven, aunque sé que no tengo más que la letra final de un estribillo eterno, donde colgué tu nombre junto al mío en la primera montaña que recuerdo.

No estaba en ninguna parte y a la vez se derramaba en hebras de tiempo por infinitas estrellas en fuga, enredándose en todos los silencios que nos precedieron, anudándose en los besos descalzos con los que penetrábamos el sueño de la tierra y donde me asomo aún para vernos morir, una vez más, gota a gota, cuerpo a cuerpo, molécula a molécula.

Tenía esa cima nívea del primer astro.

Esa senda de lluvia congelada por la espera en pleno fuego y los pulmones de tormenta de los mares, y el rocío de un abismo que cae sin resistencia, abandonado al primer Fénix, al origen del instante y su belleza.

Era un efímero arder y a la vez un eterno lugar sin nosotros, que crecía en el grito de callarnos aves  hasta nombrarnos amantes subterráneos del primer átomo. Hasta mostrarnos la líquida caricia, el tambor reverberando en el tiempo, contenido en los cauces de nuestra primera arteria.

Estaba en mí como si hubiera emergido de un final al principio de ninguna parte.

Tenía las manos en plena gruta de un limbo de momentos, donde simplemente callábamos la promesa incorpórea de hacernos hombres, el deseo voraz de besarnos viento, los trascendentes dedos de tocarnos nidos, los brazos de las primeras madres, la noche (nuestra noche), en el origen de los últimos soles.

La podía sentir fraguando volcanes de vidas en tu nombre, la escuchaba latir, callada, abrupta, mientras se deshacía paisaje para tomarte valle.

Y la sostenía en mis ojos con todas sus manos de luna y mis pies de planetas, y le podía cantar el amor de tu puerta, para verla crecer sin nombre de montaña hasta tus sueños.

Mi primera montaña hizo de tu voz un sueño de mujer en mis caderas.

Un ombligo donde tu respiración, aún no nacida, amamantaba el pulso y el derrame de toda la savia en plena sangre.

Tenía la sombra perfecta de los primeros cuentos, tenía un mito, un nosotros eterno dispuesto a cruzar ríos, capaz de mover universos y sostener el futuro de la más bella música.

Tenía un génesis, un cosmos atravesado, un edén tentado.

Una manzana en tus labios con los que morder el tiempo de mis primeras mujeres, donde hacerte el amor era entregarme a que me hiciera la vida, y caminar de tu mano, en tus sendas no nacidas, era el preludio de un adagio a la existencia.

Tenía orgasmos, temblores con epicentro en tus ojos, humedades sin tiempo.

Caricias entre los pliegues de una piel desconocida que abría cavernas de pasión para llegar a la cima de lo impronunciable.

Tenía lo insaciable de dos desconocidos en los primeros tiempos, en pleno origen de la carne y la palabra, en la caída abisal de la lencería de una nube cósmica.

Tocaba con los dedos ansiosos de comandar alientos para eternos viajes, para nacer, para tomar la promesa de un nosotros, con que incendiar de verdad el verbo silencioso de una mirada en el mañana.

Y yo estaba allí, temblorosa, en la oración de esa orilla junto al bosque ancestral de los chamanes. Estaba en sus ritos y bailes de tierras mojadas, mientras me deshacía en tus manos de fuego hasta mis igneas lluvias, con la primera cima, con el primer te amo entre los labios

Te digo ven, con la penúltima voz de mi montaña donde se agita el eco de nuestra primera mirada.

El púrpura abrupto de este viaje encarnado por todas las Penélopes, todas las fraguas de un Ítaca, toda la mística de un amor incontenido.

Te digo ven, aunque sé que no tengo más que el estribillo de todas las huellas, de todas las gotas de aves y tormenta donde las voces de un tiempo precedido son sin odisea el más leal te quiero.

Te digo ven desde esa desconocida yo que se desnuda en su primera montaña como origen de la vida..De este sueño y este viaje que se precipita hasta la profundidad con el trémulo deseo de emerger en el primer nosotros.

Anneke.C.Satreu

Imagen: Alexandr Doodko

ÍCARO

amanda-charchain

De todas mis noches elijo el insomnio y la deshora

la victoria indecible del pájaro callado,

la fragua de un rítmico aliento que inventado,

vulnera sin temor la ruina de la muerte cotidiana.

Habito en el temblor de todas las caricias que he callado.

Creces, amor…

¿En qué vuelo y en que cielo está tu siempre?

Callas, dolor…

¿Es aliento,

intento o muerte

este Ícaro cayendo?

 

Anneke.C.Satreu

Imagen: Amanda Charchain

INHABITADA

 

Guardo lo inhabitable en un pliegue del tiempo que he arrancado de algún jirón pasado, de algún punto donde ya no estoy, y tal vez, nunca estuve.

Remuevo lo que no ha venido a susurrarme que estoy viva y ardo sin saber callar que hace demasiado que morimos, una y otra vez como recurso precoz de un futuro, que no sabe de mí más que en su propia inexistencia.

Me acomodo las ruinas pasajeras de otra noche sin sueños entre vidas, tal vez es a la existencia a quien miento y desengaño para lacerar pedestales que se miran en mi ombligo, o tal vez, simplemente no soy y me perpetúo no siendo, con la vaga excusa y el breve aliento de una letra donde un día mis propios ojos puedan reconocerse promesa invencible de otro yo.

Dicen las voces que no escucho, en caricias robadas a musas impropias, que es la realidad quien hace desiertos obcecada en el recuerdo de la lluvia, y yo lo acepto con la cadencia de lo cansado, mientras me dejo tomar por el abismo de mi propio espejo.

Callan las inhabitadas dunas que juegan a ser viento el nombre de las mil mujeres que nunca me temblarán como la arena, ni encontrarán esdrújulos destinos marcados a fuego en los poetas, dónde cóncavas sus manos podrían llenarse hasta mi nombre, que suplica, inerte en lo callado, un arañazo, un grito, una huella de amor que me iguale a los vivos.

Desnudo a la ligera una voz que nunca me ha pertenecido, la devuelvo a los astros que me precedieron, con la tristeza de saberlos apagados al paso de su rastro de luz por mi mirada y me extingo con ellos donde nunca recordaré a este yo que no sabe conjugarse.

Inhabitada en este templo de tiempo, en esta carne de ningún espacio que a ojos del viaje de la luz parece viva, mato la oración que sin sujeto me lacera y que no pertenece ya, ni al último suspiro de mi boca ni al primer eco de amor de mi mirada.

Anneke.C.Satreu

Imagen: Silvia Grav